miércoles, 1 de agosto de 2012


Vivir intentando

olvidar



Tu nombre es Mariana Rinaldi, hace 5 años vivís en España, te habías ido cargando una verdad no dicha, cargando con el peso del deber ser.
Tenés 27 años, a tus 22 decidiste partir, dejando atrás a toda tu gente y a él.
Necesitabas alejarte de tu vida, dolía demasiado el pasado, y sentías que estando allí solo lograrías agrandar el dolor. Intentabas seguir adelante, por eso partiste.
Tu vida en España giraba básicamente alrededor de tu hobby, amabas la fotografía y tu hobby de años, había logrado convertirse también en tu escape. Irónico teniendo en cuenta hacia quien te llevó ese oficio. Eras tranquila, no abusabas de las salidas nocturnas, lógico a tus 27 años, pero lo no tan lógico era que desde hacía 5 años no habías estado con nadie, nunca mas pudiste llenar el vacío que él te dejó.

En España encontraste a una gran amiga, Rocío se llama, también es Argentina pero a diferencia de vos moría por volver cuanto antes, ella realmente añoraba su tierra, a los suyos, no es que vos no lo hicieras, solamente que no estabas lista.
Esa misma tarde Rocío partiría hacia allí, vos estabas con ella ayudándole en los últimos preparativos.

-Dale La –así te llamaban todos de chiquita –Rocío te hablaba mientras terminaba de cerrar el bolso que tenía armado hacía una semana –precavida pensabas- ansiosa te decía ella.
-No Ro, no me gustan las despedidas, lo sabés –dijiste bufando ante la carita compradora que tu amiga te hacía.
-Bueno, bueno está bien –dijo ella entendiendo tu cara. –Me hubiera encantado que vayas –dijo puchereando provocando la sonora carcajada de ambas -¡como la querías!-,
-Dale boluda –dijiste recuperando el aire, sabés que te voy a extrañar horrores, pero es tu decisión y la respeto.
-La, hablas como si me fuera a Kenia –dijo divertida. –Estoy yendo a donde las dos pertenecemos, ojalá vos lo puedas entender –te dijo acariciando amistosamente tu hombro.
-No empecemos Rochi –pediste suplicante, no querías hablar del tema, ni ahora, ni nunca que tu amiga lo sacaba. Ella estaba al tanto de todo, y te había apoyado y entendido aunque “no hubiera actuado de la manera que vos lo hiciste” -eso te lo repetía cada vez que salía el tema-.
-Marian tenés que enfrentar lo que pasó y decidir que querés que pase a partir de hoy –te dijo aconsejándote por última vez, y así lo tomaste como una despedida para dejarte regulando.
-Bueno –dijiste ya sobrepasada, ella te miró y comprendió que tenía que dejar de hablar.
-Te voy a extrañar mucho amiga –te dijo sonriente.
-Yo también –dijiste fundiéndote en un abrazo cargado de gratitud y cariño, esa rubia había logrado conquistarte apenas la conociste hacía ya 5 años.
La viste irse y al instante no pudiste evitar pensar que esa podías ser vos, pero no. No estabas lista para volver a enfrentar lo que dejaste allá, no aún.

Pero un sms una semana después te hizo replantearte todo, si no volvías te culparías de por vida.


Amiga. Mamá está mal, te necesito. Euge.



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Apenas recibiste el mensaje sentiste que no estabas donde deberías, que tenías que estar allá, acompañando a tu amiga. Tuviste el impulso y la necesidad de irte de allá, te sentías agobiada y odiabas sobremanera que Rocío no estuviera para calmarte, quizás evitaría que cometas una estupidez.

Una semana después estabas aterrizando en Ezeiza, después de mucho pensarlo decidiste que lo mejor era enfrentar tu realidad, no esconderte más de lo que te pasaba.
Además tu hermana te necesitaba y eso era lo que realmente importaba ahora.

-Lali –escuchaste la voz de tu mejor amiga llamarte y sonreíste por instinto.
-Rubia –respondiste el llamado para luego fundirte en un fuerte abrazo con tu amiga del alma.
-Te extrañé peti –te dijo emocionada Eugenia, tu otra mitad. –No sabés cuanto.
-Yo también Euge, pero sabés que no podía venir, no me sentía preparada antes, pero no dudé un segundo cuando vos me mandaste ese mensaje –dijiste limpiando la lágrima que caía del rostro de tu amiga.
-Lo se. –Ey –dijo cuando vos bajaste la cabeza. –Nada de cabeza gacha conmigo, ahora me sonreís y me das otro abrazo, acordate que me debes la cantidad que entran en cinco años –te dijo divertida mientras vos pensabas que no la podías querer mas.
-Te quiero rubia –dijiste ya en el remis que las llevaría a la casa de Euge.
-Yo también hermanita –dijo ella abrazándote por los hombros.

La casa de Euge era el destino, allí estaba pactada tu fiesta de bienvenida. A pesar de la situación familiar Eugenia había insistido en que vos merecías la fiesta bienvenida, y vos bien sabías que sería imposible convencerla de lo contrario.

-Laliii –te saludó Gastón. Tu otro mejor amigo, de la secundaria como Eugenia. –No sabes como te extrañamos enana –dijo abrazándote y besándote dulcemente la mejilla.
-Hola Tón –dijiste y el sonrió, seguramente extrañaba muchísimo ese apodo, tu apodo.
-¿Todo bien? –dijiste mientras inconsciente –o concientemente- mirabas hacia la puerta, lo buscabas a él, para que negarlo.
-Peter ya va a venir –dijo la rubia leyendo a la perfección tus intenciones.
-No era eso Eugenia –dijiste ligeramente sonrojada.
-No claro –dijo socarronamente Gastón.
-Bueno, me voy a buscar las cervezas –dijiste alejándote del banquillo de acusados, como llamabas a tus amigos cuando te ponían en aprietos.


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-Timbre Euge –escucharon gritar a Gastón y la rubia salió disparada dejándote con las botellas a vos sola.
-¡Eugenia! –gritaste molesta por el abandono de tu amiga, pero algo te detuvo en seco.

Era él, estaba igual o mas lindo que la última vez que lo viste, en su rostro había ya claros rasgos de hombre formado, tenía esa mirada pacífica que te había enamorado y la misma sonrisa que te quitaba el aliento con solo contemplarlo. Aprovechaste que el no notó tu presencia para seguir contemplándolo, necesitabas guardar en tu mente cada imagen de el, lo habías extrañado y necesitado cada día de tu vida, y recién ahora te dabas cuenta de cuanto.

-Euge –dijo Peter mientras se acercaba a la puerta, necesito contarles algo.
-¿Qué pasa Pitt? –preguntó Gastón claramente impaciente.
-Es sobre Mica y yo.

Si, vos sabías que el estaba de novio con Micaela desde hacía dos años, cuando te enteraste te costó mucho recuperarte del golpe, no estabas lista para que el rehaga su vida, a pesar de que eso le habías pedido en tu carta de despedida. Te costó, pero entendiste que vos lo habías abandonado y el tenía todo el derecho de seguir adelante, sin vos.

-¿Qué pasó Peter? –dijo Eugenia abriendo paso a la recién llegada.
-Nos casamos chicos –dijo sonriendo y logrando que vos supieras lo que era estar muerta en vida.
El shock de la noticia provocó que las botellas de cerveza terminaran en el suelo, todos se dieron vuelta y sus miradas se encontraron. Tu mirada denotaba profunda tristeza, y la de él sorpresa. Se conectaron un segundo y se olvidaron donde estaban. Pudiste ver como él intentaba odiarte, pero no lo había logrado y sobretodo notaste la pena que sus ojos despedían porque te habías enterado de esa manera. No pudiste evitar quedarte sin aire cuando el te miró tan intensamente, el te examinaba, te sentías escaneada, y aunque amabas que te mirara de esa forma, en ese momento dolía como el peor chuchillo clavándose en una herida abierta. No pudiste seguir allí un segundo mas, saliste corriendo hacia la puerta sin siquiera dedicarle otra mirada, necesitabas salir de allí. Acababas de ser testigo de tu peor pesadilla, y deberías vivir intentando olvidarla.


La vida a veces te pone pruebas, los obstáculos siempre existen. Está en uno poder saltearlos, tomarlos como aprendizaje o mera pérdida. Ellos son quienes logran que nos levantemos de las peores situaciones o vivamos en una especie de limbo del que es imposible salir, pero siempre, siempre hay que intentar sortearlos. Sacar de ellos lo mejor, aprender de los errores, de los fracasos. Aprender de lo bueno y lo malo, de eso se trata la vida.

Estas seis personas tenían en comun algo muy importante, sus obstáculos los hicieron quienes hoy son, gracias a ellos hoy estaban allí reunidos con el fin de dejar atrás la barrera del pasado, de intentar vivir mejor, ellos vivian para intentar reparar los errores, para recuperar lo perdido. Ellos intentaban salir adelante, ellos solo querían vivir intentando.